Galería May Moré. 12 de diciembre al 27 de enero de 2007.

 

                             De la FORESTA ARTIFICIALE a la FORESTA UMANA


Cuando vivía en Roma, solía subir al monte Tusculo, desde donde se divisa una panorámica espectacular de la ciudad.

Un día subí y encontré el cielo más abierto, pero el monte ya no era el mismo. Imaginé esos troncos cayendo con fuerza para cubrir toda la superficie, ahora de forma horizontal. Vencidos. Tumbados por crecer altos, finos y rectos.

Entre un amasijo enredado de curvas, mi intuición apunta a una concreta por la que empezar, tirar y sacarla de entre las demás. Así se van sucediendo los escogidos. La suerte de ser el elegido significa ser examinado; pulido, quitando lo que sobra; y protegido, cubriéndole o vistiéndole como los demás. Así, todos vestidos iguales, ya nadie sabe cómo es por dentro, si se trataba de un roble, un castaño o una encina. Sólo se adivina lo que no puede esconder con el vestido: las curvas que dibuja en el aire, avanzando en el espacio y en el tiempo de manera libre, para llegar a definirse en forma. Forma que hablará a los demás, pero no del todo. Ante esta apariencia, ¿cuál será la tendencia mejor valorada: la más sencilla, la menos comprometida, la más fácil...? Quizá será esa línea recta que no mira hacia los lados, porque sólo busca el objetivo. Posiblemente llegue antes en el tiempo, pero se pierde los detalles que requieren torcer y pararse. Es una manera también de hacerse fuerte, de unirse a los otros que luego viajarán con él.

El recorrido es...¿el mismo para todos? Entonces importa cómo recorrerlo. Cómo hacer para destacar sin imitar y sin perder su diferencia.

Esta es la exposición colectiva de elementos en sociedad, después de ser protegidos, colocados en un medio, y habiendo trazado su espacio a seguir.

Crecen de distinta manera, se miran unos a otros, pero en definitiva todos comienzan y terminan igual.


Ramas recogidas tras la deforestación de parte del monte Tusculo en la primavera de 2006.Roma